Él que ordena, desordena - Silvia Mazza |
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Autora: Silvia Mazza Fecha de publicación en Neuronilla: 10/01/03
(Elementos para armar una nota sobre el desbloqueo en creatividad y alejar la tentación de repetir alguna fórmula de un libro de autoayuda). Comienzo a buscar el tema. Me levanto 7 veces y tomo 6 cafés, hablo por teléfono con 4 personas distintas, digo que hace calor, como soy argentina además cebo 22 mates. Atravieso el árido terreno de la búsqueda sin garantías. Lo hago con la fe del santo que se entrega porque sabe que si continua clamando va a encontrar oro. O sea ideas. Aparece un pregunta: ¿Por qué no aprovechar la oportunidad y hacer de la nota un terreno de experimentación?. Entonces, escucho la pregunta con la debida atención: ¿Qué estás esperando para tirarte a la pileta, Silvia Mazza?. En el espacio interno aflora una Imagen infantil: mi madre advirtiendo que el que desordena los juguetes debe dejar todo ordenado. Idea que viene asociada con la anterior: el que ordena, es porque previamente revoleó por el aire cuanto objeto tenía a mano. Nada ha quedado en su lugar. Aquello que se venía dando está patas arriba. Si no fuera por la creatividad, estaríamos atrapados por listas innumerables en un mundo que necesariamente debe categorizarse para que no se nos caríen los dientes y para que puedan emitir tarjetas de crédito. No olvidar: Dios o sea el primer nombre de todas las categorías, crea el mundo a partir del caos. Nosotros: Pobres mortales, dejamos el caos en sus manos y sólo repetimos universos, saltando de un orden heredado a otro. Afortunadamente siempre hay enamorados del misterio que nos rescatan del A B C D E y del 1 2 3 4 5 sin solución de continuidad. Son honrosas excepciones o sea creativos que con sus ideas logran que la vida sea lo que es: algo apasionante y salvaje. Está la lista de los colores: Rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Está la lista de las cosas de mujeres: Ligas, tampones, bebes, cartas de amor, labiales, computadoras livianas como carteras. Está la lista de las cosas de los hombres: Pelotas de fútbol, preservativos, máquinas de afeitar, corbatas, computadoras complicadas como motores. Está la lista de los animales: Perros, gatos, vacas, cebras y corderos. Está la lista de los alimentos: Huevos, azúcar, sal, pan, carne y limones. Está la lista de las flores y la de las aves (las que aún están volando y las cocidas). Y la de los órganos humanos. Y la lista de los clubes de fútbol. Y las de las escuelas de samba en Brasil. Éste es el consenso en el que debo creer firmemente hasta que venga un creativo que me haga sentir lo contrario. El desbloqueo se acerca, sólo tengo que animarme a mezclar y a hacer germinar y a entrecruzar y a combinar elementos de una lista con la otra, todo lo que se me de la gana. Jugando como cuando era chica. Siendo hereje como cuando grande. Total si se acaba el mundo, lo vuelvo a crear:
Entonces, pasen y vean. Pongan una moneda en la ranura y: En este caso, una nota que casi cae en la tentación de repetir el texto de un tranquilizador libro de autoayuda. Es frágil. Es vertiginosa. No hay que dejarla escapar. Estamos hablando de creatividad. O sea estamos hablando de trabajar el doble. |
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