Autor: Félix Bombarolo

Fecha de publicación en Neuronilla: 26 / 09 / 07

Pensar distinto, forjar la identidad, recrear el deseo, hacer mejor

20 años de búsquedas

Desde que retomamos en América Latina el camino democrático (sinuoso, resbaladizo, neblinoso, aún…), los que trabajamos en este extraño mundo de las organizaciones y los programas sociales, hemos recorrido senderos conformados por fórmulas difundidas y validadas académica y técnicamente (por quienes detentan el poder de validar, claro…).

Reconocemos que hemos construido un mundo tremendamente injusto, donde unos pocos pueden mucho, y unos muchos pueden poco…, tenemos datos y análisis precisos sobre este proceso social. Podemos mirar la sociedad en la que vivimos y percibir los mecanismos que producen las situaciones de injusticia que deseamos remover. Intentamos fórmulas diversas para transformar aquellos mecanismos, los que generan la inequidad, la opresión y la pobreza.

Aprendimos de cabo a rabo el famoso Marco Lógico…, leímos todo lo que había que leer sobre exclusión social y ciudadanía…, investigamos todo lo que había que investigar sobre la vida de los pobres…, aplicamos trabajadas metodología de promoción social o comunitaria…, pusimos en práctica numerosas e ingeniosas técnicas para promover la participación…, aplicamos sofisticados procedimiento de focalización para hacer más eficaz nuestra labor…, generamos infinidad de mesas de diálogo entre sociedad civil y estado…, e hicimos miles de proyectos de desarrollo local, integrales, sostenibles, sustentables y sinérgicos……, y abogamos, últimamente también, por el cumplimiento de los derechos ciudadanos…, entre otros intentos.

Lo cierto es que, mirando con humildad el resultado de nuestros esfuerzos, si de lo que se trataba era de cambiar una realidad que nos disgusta y nos parece injusta…, podemos decir que aquellos aprendizajes parecen no haber sido suficientes (¿o pertinentes…?) para alcanzar aquello que tanto anhelábamos.

¿Ha sido quizás producto de un mal diagnóstico o de impericia en el uso de las herramientas…?, ¿será más capacitación y fortalecimiento institucional lo que nos hace falta…?, ¿será que el cambio es inalcanzable desde nuestras pequeñas acciones…?,¿o será que nunca alcanzamos a mirar el fondo, lo profundo, lo esencial…?, ¿qué es aquello esencial y auténtico que podríamos o deberíamos desentrañar y potenciar…?

El pescado, la caña de pescar, el río y sus alrededores…

Si nos detenemos a revisar nuestros discursos y nuestras prácticas, podremos observar con asombro cómo se ven condicionadas, cada vez con mayor fuerza, por clichés, frases hechas, imágenes míticas o fórmulas tecnocráticas.De una u otra forma vamos naturalizando una manera de ver y de hacer el mundo cultura) que enmarca y fija los límites de nuestra mirada y nuestra acción. La repetición comienza a ser parte de nuestra manera natural de hacer nuestra tarea. Nos aprendemos puntillosamente aquellos límites (conceptuales y operativos), armamos nuestro conjunto básico de prejuicios y nos vemos cada día más atrapados en aquella celda segura, que nos dificulta incrementalmente nuestra capacidad de cambio.

¿Cómo es posible promover cambios sin cambiar nuestras maneras de enfocar y de operar…?, ¿cómo afrontar el desafío de cambiar navegando a través de las limitaciones normativas y procedimiento del sistema de normas aceptado socialmente…?

El campo del conocimiento y aplicación de la creatividad

La creatividad como objeto del conocimiento ha sido abordado desde la psicología, la filosofía, las ciencias de la educación. Como herramienta para producir ideas u objetos o solucionar problemas específicos, es moneda corriente en el mundo del arte, el diseño arquitectónico, gráfico, industrial, en el marco institucional de la empresa privada (marketing y publicidad) y en espacios de producción científica de avanzada alrededor del mundo.

Si consideramos que los problemas que debemos afrontar quienes trabajamos diseñando y promoviendo políticas y programas sociales, son de enorme complejidad y acordamos en la poca variedad y efectividad de las miradas y acciones a las cuáles habitualmente recurrimos para enfrentarlos, podríamos preguntarnos sin pudor: ¿porqué prestamos en general tan poca atención a formarnos para el desarrollo de la creatividad en este campo…?, ¿qué nos diferencia de otras disciplinas o espacios de producción de conocimientos, bienes -materiales o simbólicos- o servicios, donde se asume este tema como absoluta prioridad…?

Impulsando una actitud creativa en el diseño de políticas y programas sociales

En primer lugar, si es cierto que muchas de las organizaciones de personas que trabajan en la sociedad civil y el estado promoviendo diverso tipo de actividades colectivas, lo hacen con el objetivo de generar cambios y construir situaciones nuevas que conduzcan a una mejor calidad de vida de las personas que allí participan y de aquellas hacia las que va orientada su acción…, podríamos sugerir con fervor y sin temor a equivocarnos: … no será posible alcanzar resultados distintos repitiendo lo mismo que siempre hicimos …

No será posible si lo que intentamos es alterar las situaciones preexistentes que no nos conforman, convencen, satisfacen…. Si es cambiar lo que deseamos, pues tenemos la necesidad imperiosa de ser creativos a la hora de intentar soluciones a los problemas que enfrentamos en las organizaciones (las personas, la sociedad…), de modo de no repetir hasta el cansancio los modelos que dieron origen a este mundo que habitamos.

Y es que en aras de la profesionalización de las organizaciones sociales promovida en los últimos años, nos hemos concentrado en aprender teorías explicativas y metodologías de intervención social que han terminado acorralándonos en nuestros propios saberes y reduciendo nuestra posibilidad de generar cambios a partir de nuestra acción (por cierto, volvamos a preguntarnos: ¿queremos generar cambios a partir de nuestra acción…?). Lo cierto es que ni aquellos saberes, ni los métodos de intervención social difundidos hasta el cansancio por los organismos internacionales (matrices lógicas por doquier…) nos están resultando tan útiles como imaginábamos. Todo aquel conocimiento deberá recrearse si es que queremos hacer más efectiva nuestra labor (¿construir un mundo mejor…?)

Pero no es sólo por una cuestión utilitaria que sostenemos la necesidad de promover el espíritu creativo en las personas y organizaciones dedicadas a lo social. No es sólo para obtener mejores resultados. Existe un segundo argumento que merece considerarse: necesitamos construir un hacer en el mundo donde lo creativo no sea una actividad accesoria, no se circunscriba sólo a talleres artísticos o actividades lúdicas que realizamos de tanto en tanto de manera marginal. El deseo, la necesidad de CREAR desde nuestra propia identidad, es parte constitutiva de nuestro ser, resulta una necesidad humana tan importante como comer o protegerse del frío. Intentamos incesantemente exponer nuestro potencial creador con libertad, en un mundo que nos ofrece (¿impone…?) marcos normativos, estándares y mejores prácticas para que reproduzcamos hasta el infinito el modelo establecido.

Pues permítanme que les transmita una impresión muy íntima: podremos quizás solucionar algunos problemas sociales inmediatos siguiendo prolijamente los modelos establecidos de pensar y de hacer, pero no alcanzaremos a generar un desarrollo pleno, transformador y vital por ese camino.

Planteado está el desafío entonces…, no se trata de tirar lo conocido por la borda…, de buscar ingenuamente lo novedoso de una manera esnob…, ni de generar espacios marginales para ser creativos.., nada de eso. Se trata de utilizar modos de hacer lo que hacemos en las organizaciones públicas y privadas dedicadas a este tema (cualquiera sea su quehacer…), promoviendo formas más libres, generando espacios para pensar diferente, para salirnos de la matriz lógica, para interactuar con los otros de una manera más proactiva en busca de acciones que estimulen nuestra capacidad de crear. Es posible hacerlo, no lo duden, sólo es cuestión de intentarlo, quizás arriesgándonos más a lo desconocido, a lo incierto, a lo caótico, a lo que no dominamos…, ¿seremos capaces…?.

Algunas pistas, algunos caminos, algunas ideas

Siendo fiel a lo dicho hasta aquí, no nos será posible presentar en este escrito un recetario sobre creatividad. No existe una fórmula, una técnica precisa un esquema de pensamiento preestablecido para transmitir. Es una invitación que, precisamente, nos pone a repensar lo que creemos y lo que hacemos, a descubrir otras manera de pensar y de hacer, propias, auténticas, nuestras.

De la literatura editada y de los aportes sobre pensares y experiencias que se suceden en este documento, es posible contemplar algunos puntos sensibles que están relacionados con nuestra posibilidad de crear. Presentamos a continuación una serie de apreciaciones sugerentes expresadas por algunos colegas que han indagado sobre la creatividad, que seguramente nos ayudarán a pensar y recrear nuestras miradas.

1. La realidad no existe como tal, sólo tenemos una percepción particular de ella; existen tantas realidades como personas que las perciben y relatan en este mundo…

Es Penagos (1977) quien nos dice: “…la realidad es construida. No existe algo allá afuera llamado realidad…; las estrellas están en el cerebro, no afuera de él. Lo que hay afuera es algo, pero lo que vemos es la organización de ese algo. Y la organización no es un evento puro, es un evento mediado, por la cultura, por las capacidades naturales del individuo, por su experiencia…..” .

Lo mismo sucede con las formas en que percibimos los sujetos, objetos y situaciones sobre las que construimos nuestro pensamiento y nuestra acción quienes trabajamos en procesos de promoción sociocultural; categorías como comunidad, pobreza, participación, necesidades básicas, derechos sociales y tantas otras utilizadas habitualmente, no tienen entidad en si mismas, son sólo construcciones que significamos y repetimos y utilizamos bajo aquella mirada cultural mediada por nuestra historia personal y por el tiempo que nos toca vivir. Todos estos conceptos son modificables, cambiantes.

Algunos conocidos ejemplos nos muestran como la puesta en crisis de algunas concepciones, la ampliación de la mirada, permite pensar distinto y generar nuevos horizontes: el primero de ellos, es la redefinición del concepto de necesidades humanas realizado por Manfred Max Neef y un grupo de colegas a mediados de los 80 desde Chile, ampliando y diversificando la visión del desarrollo a 10 diversas categorías de análisis (subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad, libertad, trascendencia) y relegando la tradicional imagen de la necesidad humana básica centrada sólo en la subsistencia y la protección (alimento, vestimenta, vivienda, ingresos…).

El segundo lo expresa Luis Carlos Restrepo a mediados de los 90 desde Colombia, ampliando la mirada sobre los derechos humanos, e incluyendo la dimensión de la intimidad entre aquellos derechos básicos a preservar, más allá de los civiles, políticos y sociales, y difundiendo su fantástico libro sobre “El derecho a la ternura”. También podríamos incluir en este camino de búsqueda los esfuerzos por difundir e implementar políticas públicas como el ingreso ciudadano, que pone el tela de juicio la concepción tradicional del trabajo humano, o abordajes de formación y capacitación sostenidos en una educación problematizadora, cuyo principal referente es Paulo Freire. Formas de resignificar la realidad y la acción social, posibles, viables, deseables…

2. Pensamos y actuamos a partir de nuestras representaciones, clichés y estereotipos construidos sobre la realidad…

Organizamos los diagnósticos, investigaciones, programas y evaluaciones de políticas y proyectos sociales a partir de los estereotipos y representaciones que asumimos y naturalizamos. Amossy & Herchberg (2001) nos dicen al respecto: “…las representaciones colectivas, necesariamente superficiales, que se relacionan a cada categoría utilizada al hablar de una persona o grupo de personas (alemán, intelectual, árabe, judío, negro, albañil, abogado, político, pobre, etc…), tienen un impacto considerable sobre la identidad social, e influyen considerablemente en las relaciones entre los grupos y sus miembros…”.

Y más adelante agregan: “… la visión que nos hacemos de un grupo, es el resultado de un contacto repetido con representaciones enteramente construidas, o bien filtradas por el discurso de los medios (de comunicación masiva, académicos, políticos, tecnocráticos…). Podríamos pensar que bastaría con remitirse a la observación directa para validar o invalidar los estereotipos. Sin embargo, parece que una observación también es poco confiable…, ya que lo que percibimos está también modelado de entrada por las imágenes colectivas que tenemos incorporadas en nuestra mente…”

Asumimos que las personas que no tienen accedo al trabajo (desocupados) carecen de capacitación, tienen problemas de autoestima, pocos deseos de trabajar (..son unos vagos…)…, asumimos y aceptamos que las personas son pobres porque tienen bajos ingresos y algunas necesidades básicas predeterminadas no satisfechas…, asumimos también que en general son morochos, tienen muchos hijos, son violentos, tienen poca educación, que no saben ni valoran vivir en una vivienda confortable porque siempre lo han hecho en viviendas precarias (..si les das una vivienda buena te queman el parquet y hacen maseteros en el bidet…)…., asumimos que las personas que se dedican a la política son corruptas e indefectiblemente realizan prácticas clientelares…, que las organizaciones sociales, para que sean eficientes, deben cumplir con una serie de determinadas normas administrativas, financieras y de gestión (buenas práctica…).

Asumimos que los jóvenes están expuestos a las drogas, el alcohol y el embarazo adolescente y que es bueno que hagan deporte…, que los viejos tienen pocas posibilidades de desarrollo personal y deben realizar actividades recreativas en los últimos días de su vida…, y que los presos…, que los enfermos de HIV/SIDA…., que los indígenas…, etc., etc., etc…., y de este ejercicio permanente (y casi inconciente…) de reafirmación sobre nuestras ¿creencias?, actuamos en relación a estos estereotipos, clichés y prejuicios, diseñando políticas y programas de desarrollo social o atención a la pobreza, adjudicándoles luego un poder transformador (?) .

¿Cómo no reproducir entonces hasta el infinito la sociedad que supuestamente pretendemos transformar con nuestros programas y proyectos…?, ¿cómo salir de esta aparente predestinación paralizante…?, ¿cómo poner en cuestión las categorías, visiones y acciones legitimadas y difundidas…?

3. Estamos educados para conocer y respetar lo establecido, no para cambiarlo…

Aprendimos desde recién nacidos aquellas configuraciones de la realidad construidas y aceptadas por la cultura dominante, aprendimos también que su trasgresión será generalmente penada por la sociedad. Aprendemos en el hogar, aprendemos en la escuela, nos educan para que así sea.

Pilar González (1981) nos comenta que “.. para el educador el paradigma cultural le indica que la esencia de la persona es peligrosa = animal = instintiva. Ella debe ser enseñada, guiada, controlada por aquellos que poseen una autoridad superior. Se necesita disciplina y guía continua del “otro”, del superior. El educador se convierte con tal ideología en un controlador de indicios de los emergentes creativos o en un guardián social…”. ¿Cómo desoír semejantes mandatos y controles que signaron nuestra vida desde su propio inicio…?, ¿cómo transgredir lo dicho por figuras sociales tan emblemáticas como padres, maestros, referentes académicos…?. Estos interrogantes afectan nuestra propia concepción del mundo (hacia nosotros…) y también nuestra manera de proceder en los llamados procesos de promoción sociocultural (hacia los otros…).

No sólo aprendimos a repetir incuestionablemente lo dicho y pensado por otros, sino que también solemos transmitir lo aprendido hacia otros colectivos de personas, reproduciendo aquel modelo que nos encorseta, nos restringe, nos aprisiona, nos limita. ¿Alguna reflexión alrededor de los formatos de cursos y talleres de capacitación que impartimos repetidamente a grupos, organizaciones y comunidades a través de los programas sociales…?.

Una bonita reflexión de Walter Kohan (2003) nos hace pensar más sobre este tema: “… tal vez una bella imagen de un profesor, sea la de aquel que piensa con otros, sin que importe su edad, su color, su género, su biografía. Él ejercita su pensar y da que pensar a sus alumnos. Propicia encuentros que él mismo no puede anticipar. Aún cuando prepare cada detalle de su clase con la meticulosidad de aquél que se prepara largamente para improvisar y no con la superficialidad de aquel que improvisa por falta de preparación…”.

4. La repetición de lo establecido nos aleja de la posibilidad de descubrir y potenciar nuestros deseos más íntimos…

Cómo las capas de una cebolla, vamos acumulando procedimientos, herramientas, enunciados, clichés, construyendo fórmulas de vida que, al tiempo, nos hace casi irreconocible nuestro sentir más íntimo sobre las cosas . ¿Qué pensamos en verdad sobre las cosas que leemos, que escribimos, que decimos…?, ¿cuánto de formalidad y discurso políticamente correcto hay en todo aquello que expresamos…?, ¿cuánto de aquello es auténtico, sentido por nosotros…?, ¿cuánto de esta autenticidad inducimos en nuestros procesos de promoción social…?.

Es el prestigioso filósofo francés Gilles Deleuze (1988) en “Diferencia y repetición” quien ofrece una crítica rigurosa a lo que denomina “…la imagen dogmática, ortodoxa, moral, prefilosófica o natural del pensar” y asegura que, cuando esta imagen está en la base del pensamiento, impide generar un pensamiento verdaderamente creativo.

En la misma dirección, Pilar González (1981) señala que “…la creatividad es la más alta manifestación de estar en nuestro propio ser, en nuestro mundo. Es la más alta expresión de la salud emocional. Creatividad es básicamente el proceso de hacerse, de realizarse…”. Creatividad e intimidad…, recomiendo especialmente el escrito del amigo Marcelo Delgado sobre este tema, presentado más adelante.

5. Razón vs. fantasía: una tensión latente en un mundo en cambió permanente…

Nos vemos sometidos cotidianamente a una lucha interna (y con los otros…) en la que todo aquello aprendido, legitimado y ordenado en nuestro cerebro, se ve asediado por nuestros deseos más o menos reprimidos de cambio, por nuestras fantasías y las de los otros, aquellas que nos conducen a mundos placenteros, atractivos, desconocidos…, pero generalmente vedados, obstruidos. ¿Porqué habríamos de negar esta tensión quienes trabajamos en el mundo de la promoción sociocultural…?, ¿qué nos impide dar la pelea a la razón también en este campo…?.

Es nuevamente el colega colombiano Luis Carlos Restrepo (1989) quien en La trampa de la Razón nos invita a reflexionar sobre este tema, y nos dice: “…mirada como alienación o pérdida de tiempo, censurada por la religión y descalificada por los científicos, la fantasía tiene, por cierto, pocos amigos.

Se la reconoce siempre y cuando se la pueda exhibir pundonorosamente vestida con las reglas gramaticales de la sintaxis, el orden y la decencia, pero se la desconoce en su condición original, emergencia de la que brota el mundo simbólico, manantial inagotable en el que abreva la realidad, caos interno que en tanto desestructura nuestras expectativas de verdad y coherencia, nos une a la dinámica de un universo en constante cambio que se resiste a la simplicidad de un esquema… (…), la fantasía, primera máscara del deseo, trae tras de si la posibilidad de acceder a un modelo singular de vida, movimiento al que no le basta la razón…”.

¿Cuándo fue el momento en que supusimos que podríamos proyectar la vida de personas y grupos simplificándolas y ordenándolas en matrices de doble entrada…?

Con el afán de controlar la situación y organizar los recursos y acciones institucionales, intentamos habitualmente simplificar el complejo y rico entramado de la vida humana a unas cuántas variables e indicadores de desarrollo que asumimos y difundimos con convicción tranquilizadora.

Sin embargo, las múltiples y diversas percepciones, fantasías y deseos que las personas tenemos sobre nuestras vidas (todas diversas…), la dinámica de cambios permanentes producidos en el seno de nuestras familias y grupos de pertenencia, la complicada trama de situaciones biológicas, políticas, económicas, ambientales que condicionan insospechadamente nuestras trayectorias vitales, constituyen una impredecible madeja de combinaciones que, al tiempo que la cotejamos con aquella pretendida simplificación bidimensional, nos hace dudar seriamente sobre la validez de nuestros métodos de trabajo.

¿Cómo no apelar a la creatividad, a la búsqueda de caminos menos rígidos, más fantasiosos para abordar situaciones tan cambiantes, complejas, singulares e insospechadas…?

6. La necesidad de rescatar la singularidad entre estadísticas, políticas y programas masivos…

El mismo afán simplificador que nos conduce a reducir la realidad a expresiones parciales, incompletas, a veces falsas…, nos coloca en el sendero de la masividad. Desde allí imaginamos la existencia de grandes colectivos de personas (las calculamos por millones, incluso..) que padecen unas ciertas necesidades (estandarizadas..) a las que es necesario brindarles algunas soluciones (menús estandarizados, también…). ¿Dónde quedan aquellas distinciones propias de las miradas y deseos particulares de las personas, familias o grupos que conforman estos colectivos de beneficiarios de los programas sociales…?.

Restrepo (1989), nuevamente nos habla sobre este interrogante y refiriéndose a quienes desde lugares institucionales de poder (políticos, religiosos, económicos, tecnocráticos…) organizan y condicionan el saber y el hacer de las personas; Luis Carlos nos dice : “…(para ellos) los hombres valen en tanto sus conductas sean predecibles y programables y no como singularidades o conciencias capaces de elegir un camino diferente del que impone la normativa estatal o las circunstancias históricas. Para ellos, el ser humano es un simple producto del ambiente, resultado de la interacción de variables que pueden ser medidas, corregidas y manipuladas, y les resulta sospechoso un enfoque que resalte la singularidad humana y se pregunta por las condiciones simbólicas que hacen posible la ruptura y divergencia que caracteriza al ejercicio de la libertad…”.

¿Cómo rescatar el deseo (y la potencia) individual, en el marco de programas masivos…?, ¿cómo asociar y articular creativamente lo individual y lo colectivo…?, ¿cómo construir un deseo colectivo sostenido, más que en mandatos institucionales o ideológicos, en la potenciación y articulación auténtica de los deseos individuales…?.

7. Detectar y trabajar sobre las tensiones…

Estamos invitando desde este texto, a tensionar algunas ideas o conceptos que están latentes en nuestro quehacer, que conviven en nuestro interior y que, al tiempo de confrontarlos abiertamente, podrían generarnos una energía y motivación superadora, adicional, sugerente, vital….

Se trata pues de poner en crisis nuestras formas de pensar y de hacer en este tan complejo desafío de abrir espacios, de apoyar procesos, de promover el desarrollo de personas y grupos humanos…, de enfrentarnos e introducirnos con decisión en tensiones como…razón, orden, fantasía, caos, masividad, singularidad, transgresión, permanencia, profundidad, complejidad, continuidad, ruptura…

Solo una provocación….

Hasta aquí por ahora…; hay mucho más para compartir sobre este vínculo inexorable entre nosotros, lo que pensamos, lo que hacemos… y los otros, con los que colaboramos. Mucho que indagar sobre creatividad y salud, trascendencia, libertad, juego…, para compartir con otros que ya transitan por estos mundos desde hace tiempo; más para explorar sobre nuestra aptitud y actitud hacia la creatividad, sobre el manejo del caos, de la incertidumbre, y también sobre modos de facilitar nuestro proceso creativo.

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