Todo es susceptible de ser mejorado bajo una mirada creativa. E igualmente cierto es que la pifiaremos si nos damos a la “renovacionitis” con los ojos cerrados. ¿Cómo congeniamos ambas estrategias?

Cultivando el inconformismo

Si funciona cámbialo y si funciona no lo toquesNo es necesario que algo marche mal para meterlo en “la máquina” de la creatividad. Muy al contrario, sabemos que la actitud de constante búsqueda, replanteamiento e inconformismo con lo existente es esencial para progresar.

Nuestro amigo Franc Ponti junto con Josep María Ferrer, nos animan en “Si funciona, cámbialo: cómo innovar sin morir en el intento” a superar el miedo al cambio y cultivar nuestra inquietud. Nos recuerdan que cuando triunfamos, tendemos a repetir nuestras fórmulas y caer en un conformismo que muy probablemente nos lleve al declive.

Anteriormente, ya Robert Sternberg y Todd Lubbart en “La creatividad en una cultura conformista. Un desafío a las masas” apostaban por la fórmula “comprar a la baja y vender al alza”, máxima del mundo de las inversiones en mercados financieros que, utilizada como metáfora para el tema de la creatividad: “Comprar a la baja significa adoptar activamente ideas que son desconocidas o que carecen del favor pero que, sin embargo, contienen un potencial de desarrollo. Vender al alza implica pasar a nuevos proyectos cuando una idea o producto se ha valorado y produce una ganancia significativa”.

Sabemos además, que vivimos  en un mundo cambiante y que la autocomplacencia nos puede dejar obsoletos y significar un regalo para nuestra “competencia”.

Apostando por lo seguro

No obstante también podemos columpiarnos si seguimos la máxima de “todo ha de transformarse para crecer” sin valorar juiciosamente las repercusiones. El exceso de fuego transformador puede incinerarnos la casa.

new_cokeUn caso emblemático de ello fue el intento de cambio drástico de la fórmula de la Coca-Cola en 1985. Aunque Coca-Cola era líder ante Pepsi, estaba perdiendo ciertas posiciones. Decidieron cambiar su sabor a otro más dulce y lo contrastaron con pruebas a ojos vendados con 200.000 personas. El nuevo sabor gustó más que el de Pepsi y que el de la antigua Coca-Cola. Con ello, sacaron al mercado la “nueva Coca-Cola (New Coke)”. Pese a ello, el fracaso fue estrepitoso y contó con innumerables y airadas críticas de sus incondicionales (“es como escupir a la bandera”). No se había tenido en cuenta el vínculo de las personas con la identidad de la marca. Tan solo tres meses después, la compañía se vio obligada a volver a la fórmula de siempre: “Coca-Cola Classic”.

Pero no todo fueron pérdidas. En un lado de la balanza tenemos que poner los aproximadamente 4 millones de dólares perdidos. En el otro, un valiosísimo aprendizaje y el crecimiento que tuvo con todo el revuelo (en 6 meses las ventas aumentaron el doble de la tasa de Pepsi). Un 10-12 % de consumidores amantes de la bebida tradicional supieron movilizar al resto y se empezó a recordar el importante papel que la bebida tenía en su vida como si de un re-enamoramiento de pareja se tratase.

pepsi2 coca-cola-logo2

Es curioso observar el gráfico que ofrece Brand New, mostrando la evolución de los logos de Pepsi (más cambiante) y de Coca-Cola (más estable) incluido el fiasco de 1985.

Es esencial el cuidado de lo esencial. Si invertimos constantemente en la renovación no podemos auparnos sobre los hombros de los logros conseguidos.

La conciliación

Si funciona cámbialo y si funciona no lo toques

Esta anécdota nos recuerda lo importante que es en el proceso creativo surfear entre la conservación y la transformación, lo que en el hinduismo se integra en los Dioses: Shivá (destructor), Brahma (creador) y Visnú (preservador).

Mihaly Csikszentmihalyi expresa esta dualidad de la siguiente forma: “Cada uno de nosotros ha nacido con dos series contradictorias de instrucciones: una tendencia conservadora, hecha de instintos de autoconservación, autoengrandecimiento y ahorro de energía, y una tendencia expansiva hecha de instintos de exploración, de disfrute de la novedad y el riesgo”.

La creatividad exige recursos (de tiempo o de dinero). No basta con esperar ocurrencias, la generación de ideas más valiosas requiere un método y la evaluación y su desarrollo suelen ser más extensas aún: “La creatividad es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración” (Edison, Goethe).

Quizá la clave está en identificar sabiamente qué proyecto o qué faceta de qué proyecto es en la que realmente compensa intensificar nuestra agudeza creativa.

Se cuenta que Albert Einstein utilizaba siempre la misma composición al vestir (pantalones negros y camisa blanca o traje gris) para evitar desperdiciar energía en tomar ese tipo de decisiones. Yo mismo, siempre voy cargado a mis trabajos con una maleta repleta de las cosas que podría llegar a necesitar en cualquier tipo de situación para no tener que invertir tiempo en decidir qué llevo a cada cual (falta por ver si se debe a que también soy un genio o a que cargo con una gran mochila de inseguridades; a falta de juez me quedaré con lo primero).
Concluyendo:

  • Integremos los impulsos naturales complementarios: destruir, crear y conservar.
  • Distribuyamos nuestra energía entre ellos de la forma más ajustada posible a nuestras necesidades, motivaciones y circunstancias ambientales.
  • Diferenciemos en qué proyectos, productos, servicios, procesos o pequeños aspectos de ellos compensa invertir los recursos que conlleva el proceso creativo.
  • Cultivemos nuestra inquietud por mejorar y nuestro gusto por el cambio.
  • Reguemos igualmente nuestra capacidad de proteger lo valioso.

¿Quieres ver más paradojas de la creatividad? 

  • Autor: David Díez Sánchez, director de la “Fundación Neuronilla para la Creatividad y la Innovación”.
  • Fecha: 11 / 11 / 2013.

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